
(Source: fitvillains)

This disc, made of wax and cardboard, includes an 1885 recording of Alexander Graham Bell’s voice, something not heard by the modern ear … until the Smithsonian got a hold of some newfangled technology. Whoa. (photo by Richard Strauss / National Museum of American History)
cosas mágicas!
(via kaliem)
— Haruki Murakami, 1Q84 (via somebody-else)
By Jo-Marie Burt
Twitter became a popular medium through which average Peruvians sought to remind their fellow citizens of the corruption and human rights violations that occurred during the Fujimori government and what might occur should Keiko Fujimori be elected president. Many Peruvians began tweeting using the hashtag #tupapa (#yourdaddy) to remind their fellow citizens of some of the worst crimes of the Fujimori regime. Here is a sampling of some of the most clever tweets.

Hoy se cumplen 20 años del golpe de Estado del 5 de Abril de 1992. Hubiéramos querido recordar el acontecimiento como uno que nos vacunó contra la concentración del poder y acabó de fijar de manera irreversible la convicción democrática de los peruanos. Como algo que, en suma, pertenece sólo a nuestro pasado.
La encuesta que publicamos este domingo, sin embargo, ha demostrado que esto no es así. Concretamente que, para nosotros, la democracia y sus instituciones siguen siendo negociables, cosas que puede valer la pena cederle al gobernante para que nos dé otras en su lugar.
En nuestro editorial del martes intentamos demostrar cómo los términos de esta “negociación” son, al menos para la ciudadanía, siempre mentirosos. Cómo no importa lo que nosotros pidamos a cambio a la persona a quien entregamos todo el poder y cedemos todas las garantías: una vez que no tengamos mecanismos institucionales a través de los cuáles exigirle algo, esta siempre aprovechará para ir más allá de lo “acordado”. El golpe de Fujimori no acabó el 5 de abril, sino que continúo a lo largo de sus diez años en el poder. Una a una, el régimen fue haciendo caer, con razones que ya nada tenían que ver con la “salvación” del país, las instituciones que existían para limitar su poder. Al final de su mandato no había en el Perú proceso judicial ni administrativo importante que se resolviese en contra del querer de sus lugartenientes, ni (salvo excepciones) prensa que nos informase de nada contrario a sus intereses, ni contralor que monitorease las transferencias presupuestarias con las que operaba Montesinos, ni Congreso que fiscalizase, ni Tribunal Constitucional que impidiese que la obsecuente mayoría congresal diese constantemente leyes que violaban la propia Constitución del Régimen, ni nada que no fuese la voluntad de los socios que nos gobernaban.
Dicho de otra forma, el gobernante al que le permitimos cerrar el Congreso para que nos diera determinados resultados concretos acabó cerrando todo lo demás para lograr otros resultados (como la reelección eterna y la destrucción de cualquier germen de partido opositor) que ya tenían mucho más que ver con sus propias metas que con nosotros. Y así fue cómo, cuando llegó el cambio de milenio, todos los peruanos (incluyendo los que no llegaron a ser abusados personalmente y por ello no lo notaron) estábamos completamente en sus manos. Quien era atropellado en sus derechos por el gobierno (y hubo muchos) no tenía a quién recurrir. Con la excepción de la poca prensa independiente y la Defensoría del Pueblo, todas las instancias estaban en manos de aquel.
Pese a la gravedad de todo lo anterior, es más que esto lo que tendríamos que haber aprendido del 5 de abril. Cuando los pueblos se fabrican un autócrata sacrifican, además de su libertad y las garantías de sus derechos, su dignidad. Primero, porque quedarnos solo con los derechos que el gobernante quiera reconocernos y entregarle voluntariamente los canales que sirven para que nuestras voluntades pesen en las decisiones del Estado, implica pedir que nos guíen de la misma forma en que guía a un rebaño su pastor. Segundo, porque el barrio que consiente a un “padrino” a cambio de que este mantenga el orden y la seguridad está manchado por los abusos que ese padrino invariablemente comete contra algunos (normalmente muchos) de los vecinos. Y tercero, porque ese dueño que los hombres nos creamos en nuestros dictadores consentidos acaba siempre despreciándonos y tratándonos consecuentemente. ¿O ya nadie recuerda, por ejemplo, cómo aún en pleno proceso judicial Fujimori le guiñaba el ojo frente a cámaras al muy corrupto asesor por el que había declarado mil veces haber sido traicionado? Ese mismo asesor que, verbigracia, algún día denunció junto al entonces Presidente a una banda de tráfico de armas a la FARC que, en realidad, él mismo dirigía.
No es, en fin, únicamente por mantener garantías para nuestras libertades que los ciudadanos tendríamos que oponernos a cualquier atentado contra el sistema de instituciones democráticas que existe para dividir el poder y asegurar a cada uno una voz en el destino nacional. Es también, y acaso sobre todo, por respeto personal.
(via icaro)

(via booklover)
“Amelie has no boyfriend. She’s tried once or twice, but the results were a let down. Instead, she cultivates a taste for small pleasures: dipping her hand into sacks of grain, cracking creme brulee with a teaspoon, and skipping stones at St. Martin’s canal.”
—Jean-Pierre Jeunet, Le Fabuleux destin d’Amélie Poulain
(Source: consultingkitty, via lifeisashakespeareanplay)